1. POR QUÉ SOY LA PERSONA QUE SOY
- enekonicolas28
- 20 jul
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Actualizado: 21 jul
No creo que una persona se defina únicamente por los cargos que ha ocupado o por las empresas que ha fundado.
Creo que las personas se construyen mucho antes.
Mi historia comienza en una familia llena de amor.
Fui hijo único y crecí rodeado del cariño de mis padres. Mi padre era una persona extraordinaria y durante mis primeros años fue mi héroe. Con él descubrí la seguridad de un abrazo, las películas compartidas y la tranquilidad de sentir que todo estaba bien.
Hasta que las drogas entraron en nuestra casa.
Vi a mis padres llorar muchas veces. Recuerdo sus abrazos, las conversaciones difíciles y cómo, siendo un niño, empezaba a comprender que algo muy serio estaba ocurriendo.
Poco después mi padre falleció como consecuencia del sida derivado de su adicción.
Perdí a la persona que más admiraba cuando todavía estaba aprendiendo quién quería ser.
Mi madre tuvo entonces que convertirse en padre y madre al mismo tiempo.
Nunca dejó que me faltara amor.
Pero aquella situación me obligó a crecer demasiado deprisa.
Mientras muchos adolescentes pensaban únicamente en divertirse, yo ya sentía la necesidad de proteger a mi madre convirtiéndome lo antes posible en un hombre.
Aquella sensación de responsabilidad me acompañaría toda la vida.

Aprender trabajando
Con apenas catorce años empecé a trabajar en la empresa de reformas de mi padrastro.
En muchas ocasiones compaginaba el trabajo con el colegio, e incluso llegué a faltar a clase para cumplir con las responsabilidades del negocio.
No fue una decisión vocacional.
Fue la realidad que me tocó vivir.
Con el tiempo comprendí que aquel esfuerzo estaba construyendo algo mucho más importante que un oficio.
Aprendí disciplina.
Aprendí sacrificio.
Aprendí a cumplir con mi palabra.
Aprendí a respetar cualquier trabajo.
Y, sobre todo, aprendí a entender a las personas desde abajo.
Empecé como peón.
Con los años fui creciendo hasta dirigir obras, presupuestos, clientes y equipos de más de veinticinco personas.
Aquellos años me enseñaron algo que todavía hoy guía mi forma de trabajar:
Ningún líder debería olvidar nunca lo que significa empezar desde el primer escalón.
Descubrir que también podía construir empresas
Con el tiempo comprendí que mi pasión no era únicamente construir edificios.
Me apasionaba construir proyectos.
Fundé varias empresas.
Algunas funcionaron durante muchos años.
Otras no sobrevivieron.
Y probablemente aprendí mucho más de estas últimas.
Uno de los proyectos que más ilusión me hizo fue Lemon Network.
Creíamos que podíamos construir algo grande.
Durante meses invertimos tiempo, dinero e ilusión.
Sin embargo, el proyecto terminó derrumbándose tras descubrir que uno de los socios había desviado una cantidad importante de dinero de la empresa.
Aquello no solo supuso una pérdida económica.
Supuso una enorme decepción personal.
Comprendí que una buena idea nunca es suficiente si las personas que la sostienen no comparten los mismos principios.
Ese fracaso cambió para siempre mi forma de elegir socios, construir equipos y entender la confianza.
El éxito no llena todos los vacíos
Mientras seguía emprendiendo y trabajando sin descanso, mi vida personal volvió a ponerse a prueba.
Mi madre enfermó de cáncer.
Poco después falleció.
Por primera vez me encontré sin padre y sin madre.
Tenía una familia maravillosa formada por mi mujer Virginia y nuestros hijos, pero sentía un vacío difícil de explicar.
Durante muchos años había vivido convencido de que todo dependía exclusivamente de mí.
Que el esfuerzo bastaba.
Que el trabajo solucionaba cualquier problema.
Que el éxito era únicamente una cuestión de voluntad.
Estaba equivocado.
El cambio que transformó mi manera de liderar
Mi encuentro con Dios no fue simplemente un cambio espiritual.
Fue un cambio de mentalidad.
Comprendí que liderar no consiste en controlar.
Consiste en servir.
Que una empresa puede ganar dinero sin perder su alma.
Que los resultados sostenibles aparecen cuando las personas sienten que forman parte de algo importante.
Desde entonces sigo emprendiendo exactamente igual.
Sigo disfrutando creando empresas.
Sigo buscando oportunidades.
Sigo levantándome cada mañana con ganas de construir proyectos.
Pero ahora existe una diferencia enorme.
Ya no trabajo únicamente para conseguir resultados.
Trabajo intentando construir organizaciones donde las personas puedan crecer al mismo tiempo que crecen los negocios.
Mi filosofía
He conocido el éxito.
He conocido el fracaso.
He empezado desde abajo.
He dirigido equipos.
He perdido empresas.
He creado otras nuevas.
He vivido momentos muy difíciles.
Y todo ello me ha enseñado una convicción muy sencilla.
Las empresas pueden copiar procesos.
Pueden copiar productos.
Pueden copiar estrategias.
Lo que nunca podrán copiar son las personas que construyen una cultura basada en la confianza, el compromiso y el propósito.
Eso es exactamente lo que intento aportar allí donde trabajo.



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