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6. Qué haría durante mis primeros 50 días en una empresa

  • Foto del escritor: enekonicolas28
    enekonicolas28
  • 21 jul
  • 3 min de lectura

No creo que una empresa pueda transformarse antes de comprender por qué nació.

Por eso, mis primeros días nunca empiezan analizando balances, procesos o indicadores.

Empiezan escuchando.

La primera conversación que quiero tener es con quien fundó la empresa o con quien hoy tiene la responsabilidad de dirigirla.

Quiero entender algo muy sencillo.

¿Por qué existe esta empresa?

¿Qué problema querían resolver?

¿Qué ilusión había detrás de aquella primera decisión?

¿Qué les hizo asumir el riesgo de emprender?

¿Qué principios siguen siendo innegociables?

¿Y qué cosas han tenido que cambiar para seguir creciendo sin perder su esencia?

Porque ninguna empresa nace únicamente para ganar dinero.

Todas nacen para resolver un problema o mejorar la vida de alguien.

Y cuando una organización olvida ese motivo, comienza a perder parte de su identidad.



Una vez comprendo el origen de la empresa, dejo de verla como un observador externo.

Intento pensar como uno más de quienes la construyeron.

No porque vaya a estar siempre de acuerdo con ellos.

Sino porque solo entendiendo la intención original puedo ayudar a proyectarla hacia el futuro.



Después empieza la parte más importante de mi trabajo.

Conocer a las personas.

Durante varias semanas observo, escucho y converso.

No busco evaluar únicamente el rendimiento.

Busco comprender cómo vive cada persona su trabajo.

Qué le motiva.

Qué le preocupa.

Qué cree que funciona.

Qué cambiaría si pudiera hacerlo.

Y, sobre todo, cómo entiende el proyecto del que forma parte.

Porque detrás de cada puesto existe una persona.

Y detrás de cada persona existe una historia.



Cuando ya conozco tanto la visión del fundador como la realidad del equipo, empieza el verdadero trabajo.

Unir ambas piezas.

Porque una empresa no puede avanzar si quienes la dirigen y quienes la construyen cada día viven en mundos distintos.

Empiezo haciéndome preguntas que rara vez aparecen en un informe de gestión.

¿Quiénes son realmente los trabajadores para la empresa?

¿Son un recurso?

¿O son parte esencial de su identidad?

Y también me hago la pregunta inversa.

¿Qué representa la empresa para quienes trabajan en ella?

¿Es únicamente una nómina?

¿O sienten que forman parte de algo que merece la pena construir?



Creo que muchas empresas dedican enormes esfuerzos a mejorar procesos.

Yo intento mejorar primero las relaciones que sostienen esos procesos.

Porque una empresa está formada por personas.

Y las personas trabajan mejor cuando encuentran sentido a lo que hacen.

Cuando alguien comprende que su trabajo mejora la vida de otra persona, deja de limitarse a cumplir una tarea.

Empieza a asumir una responsabilidad.

Y cuando eso ocurre, cambia completamente la forma de trabajar.



Mi objetivo durante esos primeros cincuenta días no es implantar cambios espectaculares.

Mi objetivo es construir compromiso.

Porque el compromiso no puede comprarse.

Tampoco puede imponerse.

Solo puede nacer cuando las personas sienten que su esfuerzo tiene un significado.



Siempre he pensado que una empresa debería aspirar a convertirse en un lugar donde la gente quiera estar.

No porque todo sea fácil.

No porque no existan problemas.

Sino porque sienten que trabajan con personas que les respetan, les escuchan y les ayudan a crecer.

Pasamos gran parte de nuestra vida trabajando.

En muchos casos compartimos más horas con nuestros compañeros que con nuestra propia familia.

Nuestra estabilidad económica depende del trabajo.

Nuestro estado de ánimo muchas veces también.

Por eso creo que buscar la felicidad dentro del trabajo no es un lujo.

Es una necesidad.



Una persona motivada suele ofrecer buenos resultados.

Pero una persona comprometida hace algo mucho más valioso.

Mejora cada día.

No porque alguien la vigile.

Sino porque siente el proyecto como suyo.

Y cuando un equipo alcanza ese nivel de compromiso, la empresa deja de depender únicamente del talento de unas pocas personas.

Empieza a crecer gracias a la fuerza del conjunto.



¿Y después de los primeros 50 días?

Entonces empieza una etapa diferente.

Cuando el equipo ya comparte una dirección, cuando existe confianza y compromiso, es el momento de trabajar sobre los aspectos técnicos de la compañía.

Procesos.

Operaciones.

Eficiencia.

Nuevas líneas de negocio.

Innovación.

Expansión.

Tecnología.

Rentabilidad.

Porque la técnica es imprescindible.

Pero la técnica solo alcanza todo su potencial cuando las personas que deben aplicarla creen en el proyecto que están construyendo.



Mi filosofía

No creo que las grandes empresas sean grandes únicamente por sus productos, sus procesos o su tecnología.

Creo que llegan a ser grandes cuando consiguen que miles de personas trabajen con una misma intención.

Mi trabajo consiste precisamente en ayudar a construir esa intención compartida.

Porque una empresa puede tener una estrategia extraordinaria.

Pero si las personas no creen en ella, nunca llegará tan lejos como podría.



"Mi trabajo no consiste en mejorar empresas. Mi trabajo consiste en conseguir que las personas vuelvan a creer en la empresa que están construyendo."


 
 
 

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