8. Mi filosofía de trabajo
- enekonicolas28
- 21 jul
- 3 min de lectura
Actualizado: hace 6 días
A lo largo de mi vida he aprendido muchas cosas sobre empresas, liderazgo, equipos y crecimiento.
Pero si tuviera que señalar el origen de todos mis principios, hablaría de algo mucho más profundo.
Hablaría de mi fe.
No porque crea que un empresario deba pensar como yo.
Sino porque sería deshonesto ocultar aquello que más ha influido en mi manera de entender la vida.

Mi fe me ayuda a intentar ser mejor empresario.
Pero antes que eso, me ayuda a intentar ser mejor persona.
Me recuerda que el éxito profesional nunca puede compensar el fracaso como marido, como padre, como hijo o como amigo.
Porque una empresa puede crecer mucho.
Pero si para conseguirlo uno pierde aquello que realmente importa, el precio termina siendo demasiado alto.
Hay una idea que ha cambiado completamente mi forma de trabajar.
Creo que ninguno de nosotros es realmente dueño de aquello que posee.
Somos administradores.
Administradores del tiempo que recibimos.
De las oportunidades que aparecen.
De los recursos que gestionamos.
De las empresas que dirigimos.
Del talento de las personas que trabajan con nosotros.
Y también de la confianza que otros depositan en nuestras manos.
Algún día todo eso dejará de pertenecernos.
Igual que llegamos sin nada, también nos iremos sin nada.
Esa realidad me recuerda constantemente que el verdadero éxito no consiste únicamente en cuánto hemos construido.
También importa cómo lo hemos construido.
Y qué huella hemos dejado en las personas durante ese camino.
También creo profundamente que toda decisión tiene consecuencias.
Las empresas no son una excepción.
Las culturas que construimos.
La forma en que tratamos a las personas.
La honestidad con la que trabajamos.
La generosidad o el egoísmo con el que dirigimos.
Todo termina dando fruto.
Antes o después.
Por eso intento que mis decisiones no estén guiadas únicamente por el beneficio inmediato.
Intento preguntarme también qué clase de empresa estoy ayudando a construir.
Y qué clase de persona estoy llegando a ser mientras la construyo.
Existe una frase del Evangelio que me ha acompañado durante muchos años.
"Donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón."
Creo que esa frase no habla únicamente de dinero.
Habla de prioridades.
Si nuestro tesoro es exclusivamente el beneficio económico, todas nuestras decisiones terminarán girando alrededor del dinero.
Si nuestro tesoro es el reconocimiento, acabaremos viviendo para la aprobación de los demás.
Pero si nuestro tesoro está en las personas, en la familia, en la integridad, en el servicio y en construir organizaciones que mejoren la vida de quienes forman parte de ellas, entonces nuestro trabajo cambia completamente de significado.
No siempre he sabido vivir de acuerdo con esos principios.
Me he equivocado muchas veces.
He confiado en personas equivocadas.
He tomado malas decisiones.
He perdido proyectos.
He sufrido decepciones.
Pero incluso esos errores han reforzado una convicción.
El carácter vale más que el talento.
Porque el talento puede abrir muchas puertas.
Pero solo el carácter permite permanecer cuando llegan las dificultades.
No espero que todo el mundo comparta mi fe.
Ni creo que sea necesario para trabajar juntos.
Lo que sí espero es que cualquier persona que colabore conmigo encuentre coherencia entre lo que digo y la forma en que intento actuar.
Porque las convicciones solo tienen valor cuando se traducen en hechos.
Mi manera de entender el éxito
Para mí, el éxito no consiste únicamente en construir empresas rentables.
Consiste en construir empresas de las que uno pueda sentirse orgulloso.
Empresas donde las personas crezcan además de producir.
Donde la confianza tenga más peso que el miedo.
Donde la palabra dada siga teniendo valor.
Y donde el beneficio económico sea la consecuencia de haber hecho muchas cosas bien, no el único objetivo que justifique cualquier decisión.
Una última reflexión
Si algún día alguien me preguntara qué espero dejar detrás cuando termine mi vida profesional, probablemente no hablaría de facturación, de empresas creadas o de proyectos vendidos.
Me gustaría que quienes trabajaron conmigo pudieran decir algo mucho más sencillo:
"Nos ayudó a construir una buena empresa sin olvidar que, antes que trabajadores o empresarios, éramos personas."
Porque, al final, esa es la filosofía que intento aplicar cada día.
Trabajar con excelencia.
Dirigir con humildad.
Crecer con propósito.
Y administrar bien todo aquello que, durante un tiempo y bajo mi punto de vista, Dios ha puesto en nuestras manos.



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