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3. Cómo entiendo el liderazgo

  • Foto del escritor: enekonicolas28
    enekonicolas28
  • 20 jul
  • 2 min de lectura

Nunca he querido ser líder.

Y, curiosamente, creo que esa es una de las razones por las que muchas personas han decidido seguirme.

Con los años he llegado a una conclusión que contradice gran parte de lo que se enseña sobre liderazgo.

Nadie se convierte en líder porque lo decida.

El liderazgo no se obtiene con un cargo, un despacho o una tarjeta de visita.

El liderazgo aparece cuando un grupo de personas decide confiar en alguien.

Y esa confianza nunca puede imponerse.

Solo puede ganarse.



Sendero de grava entre lomas de hierba dorada y montañas lejanas bajo cielo nublado, paisaje sereno.

Muchas veces se habla del líder como si fuera una figura extraordinaria capaz de cambiar una organización por sí solo.

Yo no lo creo.

Creo que esa imagen es profundamente equivocada.

Un líder puede ocupar una única posición dentro del organigrama.

Pero el liderazgo nunca pertenece a una sola persona.

El liderazgo es una construcción colectiva.

Existe porque un equipo decide hacerlo posible.



Cuando alguien afirma que tiene un gran equipo porque posee grandes capacidades de liderazgo, siempre me hago la misma pregunta.

¿Por qué ese equipo decide seguirle?

La respuesta casi nunca está en la autoridad.

Está en otra parte.

Porque se sienten escuchados.

Porque sienten que importan.

Porque saben que sus ideas tienen valor.

Porque entienden hacia dónde van.

Porque confían en quien toma las decisiones.

Y, sobre todo, porque sienten que forman parte de algo que también les pertenece.



He aprendido que existe una diferencia enorme entre dirigir personas y conseguir que quieran caminar contigo.

Obligar es relativamente sencillo.

Convencer requiere mucho más tiempo.

Pero inspirar...

Inspirar cambia completamente una organización.

No es lo mismo conseguir que un equipo reme hacia la misma dirección.

Que conseguir que quiera remar hacia la misma dirección.

Ahí es donde nace el verdadero liderazgo.



Por eso dedico mucho tiempo a conocer a las personas.

No únicamente qué hacen.

Sino quiénes son.

Qué les preocupa.

Qué les ilusiona.

Qué capacidades tienen que todavía no están utilizando.

Qué pueden aportar en momentos de presión.

Qué necesitan para dar su mejor versión.

Porque cuando una persona siente que alguien cree sinceramente en ella, normalmente termina creyendo también en sí misma.

Y ese cambio transforma cualquier empresa.



Existe otra idea que ha cambiado profundamente mi manera de liderar.

Creo que un buen líder debe ser profundamente humilde.

Y precisamente por eso, quien es realmente humilde rara vez desea ser líder.

No busca reconocimiento.

No necesita demostrar que tiene razón.

No disfruta ocupando el centro.

Disfruta viendo crecer a los demás.

Paradójicamente, son esas personas las que terminan convirtiéndose en los mejores líderes.

Porque no utilizan el liderazgo para servirse del equipo.

Utilizan el liderazgo para servir al equipo.



Nunca he entendido el liderazgo como la capacidad de estar por encima de los demás.

Lo entiendo como la responsabilidad de crear un entorno donde los demás puedan dar lo mejor de sí mismos.

Cuando eso ocurre, dejan de existir "mis decisiones".

Empiezan a existir "nuestras decisiones".

Y el éxito deja de pertenecer a una persona.

Pasa a pertenecer al equipo.

“Un líder no es quien consigue que las personas trabajen para él. Un líder es quien consigue que las personas descubran que están construyendo algo que también sienten como suyo”.


 
 
 

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